Martes, Diciembre 12, 2017
   
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Destino China

Hace un año Mar hizo las maletas para emprender una gran aventura en Beijing junto a su marido.  Después de haber vivido otras experiencias en Escocia y Alemania, esta leonesa no dudó ni un solo momento en dejar atrás su vida en España para vivir una experiencia única en una cultura milenaria y en muchos aspectos tan diferente al mundo que hasta entonces conocía.

¿Qué fue lo que le llevó a tomar la decisión de trasladarse  a China?

Los últimos 3 años vivía en Barcelona y trabajaba como secretaría de dirección en una clínica privada. Hace un año la empresa de mi marido le propuso venir a Beijing a trabajar y cuando me lo contó no lo dude ni un momento y le dije que no podíamos desaprovechar la oportunidad. Nosotros ya hemos vivido en otras ciudades de Europa pero nunca en Asia y personalmente me apetecía mucho vivir la experiencia y sobre todo integrarme en una cultura tan milenaria. Así que pedí una excedencia en mi trabajo para dedicarme aquí a estudiar Chino, siempre pensando en las ventajas que me puede ofrecer este idioma en un futuro.

¿Qué es lo que más te gusta de Beijing y lo que menos?

De Beijing me gusta prácticamente todo, la ciudad, la comida, la gente y sobre todo sus ‘hutongs’.  Los hutongs son callejuelas que forman los barrios tradicionales de muchas ciudades chinas. Beijing es hogar de miles de estas calles tradicionales, la mayoría de las cuales fueron construidas alrededor de la Ciudad Prohibida y tienen más de siete siglos de antigüedad. Caminar por los hutongs es una manera de sentir la verdadera vida local.

Por el contrario lo que menos me gusta es la contaminación y el caos del tráfico, coger un taxi o el metro en Beijing en horas punta es una misión casi imposible, yo me muevo por la ciudad en bicicl

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¿Cómo es el lugar donde vive? ¿Cómo son sus costumbres y sus gentes y qué le crea controversia?

Yo vivo en el CBD (Central Bussiness District), reconocido como el nuevo núcleo de la vida económica y financiera de la ciudad, donde se ubican oficinas y sedes corporativas de distintas empresas, centros comerciales, grandes almacenes y viviendas y hoteles de lujo. Aquí no hay una semana en que no se abra una tienda o un restaurante nuevos.  Lo más curioso de mi barrio es que a pocos metros de cualquier rascacielos se encuentran barrios de los de toda la vida con mercados y puestos de comida china en la calle por lo que me permite combinar la vida china con la occidental.

China, como todo país, tiene sus propias costumbres pero teniendo en cuenta que es otra cultura completamente diferente y que estoy en su país, debo adaptarme y saber aceptarlas. Al principio lo que más me chocó es que los chinos al saludarse no se dan besos ni se abrazan, pues no expresan sus sentimientos en público. Otra costumbre muy molesta que tienen sobre todo los hombres, es la de escupir en la vía pública pero hay que tener en cuenta que aquí es de mala educación sonarse la nariz con un pañuelo y guardarlo en el bolsillo. También me sorprendió que los chinos no sepan lo que es “hacer cola”, y muchas veces se cuelan.

Entre las curiosidades está la de ver a la gente de mediana edad y ancianos practicando deportes y bailes de salón en parques y plazas y otra curiosidad es el número 4, que es el número de la mala suerte en China. Se pronuncia “Sì” que quiere decir “haber muerto”. Por lo tanto, pedir algo en grupos de 4 es mala idea. Los chinos evitan el número 4 en todo, desde las matrículas de coches, ascensores y hasta teléfonos móviles. 

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¿Cómo es su vida diaria allí? ¿A qué se dedica?

De lunes a viernes voy a una escuela de chino, tengo clases por la mañana y por la tarde, estudio fonética, gramática, conversación y cultura china. Aquí  a las 12.30 es la hora de comer y cada día voy con mis compañeros y profesores  a comer a restaurantes de comida típica de aquí que no tiene nada que ver con los restaurantes chinos que tenemos en España. Una curiosidad, todavía no he encontrado los rollitos primavera. Por la tarde tengo una profesora de apoyo que viene a mi casa un par de horas. También voy a clase de caligrafía china. Dedico más de 8 horas diarias a estudiar este idioma que está considerado como uno de los idiomas más difíciles del mundo, no sólo por su complejo sistema de escritura, con más de 6.000 caracteres. La pronunciación también es muy difícil, principalmente porque tiene combinaciones de sílabas cuya fonética no conocemos en idiomas de habla latina. A esto hay que sumar los tonos, que pueden llegar a ser una gran complicación para los extranjeros que estudiamos chino.

Los fines de semana los dedico a visitar la ciudad y alrededores, también aprovecho cualquier fiesta o vacaciones para viajar por el país u otros países cercanos. 

¿Qué es lo que más echas de menos de León?

Lo que más echo de menos es la familia y mis amigos, las ‘partidinas’ de mus y por su puesto la cultura de tapeo que tenemos en León y que siempre lo he echado de menos incluso viviendo en otras ciudades de España.

 

Cuéntenos alguna anécdota que te haya ocurrido con el idioma

Aquí cada día me ocurre alguna anécdota con el idioma, empezando porque si pregunto a alguien en la calle o en una tienda por algo se ríen y me dicen que sí a todo aunque no lo sepan. Esto es porque les da vergüenza admitir que no lo entienden, y porque los chinos intentan siempre agradar. Así que me paso largos ratos intentando explicarme y al final me voy sin lo que quería pero habiendo pasado un rato divertido.

 

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¿Resulta fácil integrarse en la sociedad china?

Desde luego no es fácil debido a la barrera idiomática que existe, pero no es imposible. Si se sabe apreciar la amabilidad de la gente,  sumado a la tremenda oportunidad de adentrarse en esta cultura milenaria, creo que para mi será una experiencia inolvidable.

Es importante contar con un carácter abierto y tener capacidad de adaptarse a diferentes situaciones sociales y laborales, a otras culturas, hábitos y sobre todo costumbres del país.

 

¿Hay algún lugar o cosa en China que le recuerde a León?

Sí, hay muchas cosas que me recuerdan a la gente de León, en las comidas en grupo con amigos y familia. En Beijing como en León cuando se queda con amigos lo normal es pedir muchas raciones para el centro de la mesa, y compartir los diferentes platos. También se suelen acompañar estas comidas con cerveza y  ‘baijou’, la bebida alcohólica nacional. A esto hay que añadir que tanto unos como otros somos muy ruidosos en este tipo de reuniones.

También son muy familiares como los leoneses. Como hacemos en León, los chinos se van al pueblo en cuanto tienen dos días seguidos de fiesta a reunirse con los suyos y comer.

Y en lo que más se parecen a los leoneses es que aquí son muy de “echar la partida” en plan de sobremesa, ya sea al Mahjong (dominó), Xiangqi (ajedrez chino) o a las cartas.

¿Qué proyectos de futuro tiene? ¿Piensa volver a España o a León?

No me gusta hacer planes para el futuro,  me gusta  vivir cada día intensamente como si fuera el último. Ya sea en León, España o fuera de ella.

 

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